Cu√°ntas veces intentamos hacer dieta y cu√°ntas fracasamos, ¬Ņverdad? Cu√°ntas veces focalizamos la atenci√≥n en ese n√ļmero en la b√°scula o en vol√ļmenes corporales fuera de lugar. C√≥mo nos damos cuenta que esa prenda de ropa ya no encaja en nuestro cuerpo como anta√Īo…¬†Y, ¬Ņcu√°ntas de esas veces nos fijamos en nuestro estado emocional?. ¬ŅEn c√≥mo nos sentimos o qu√© lugar ha ocupado la comida y nuestro h√°bito alimenticio durante todo ese proceso?

Evolutivamente estamos preparados para comer cuando tenemos hambre. Hambre f√≠sica. Cuando estamos faltos de ¬ęcombustible¬Ľ. ¬ŅQu√© pasa cuando comemos porque tenemos ¬ęhambre emocional¬Ľ? ¬ŅCuando el vac√≠o no es f√≠sico, sino emocional?.

La comida puede saciar las emociones de estrés, ansiedad u otras deficiencias emocionales. 

Te preguntarás que nos lleva a esa situación. Por qué pasamos de comer por hambre a comer por un problema emocional. Es precisamente la emoción la que causa ese cambio y canalizar la emoción es lo que lo hace posible. Todos aprendemos a solucionar problemas de varias formas: por traspaso de información, por observación o por ensayo y error. La primera puede ser a través de nuestros progenitores, o nuestro entorno que nos cuentan como salva-llevar las situaciones. La segunda es viendo a otros cómo lo hacen, y nosotros, lo incorporamos a nuestro repertorio. Y la tercera, es a base de realizar una acción y si nos funciona, repetimos. Todas ellas, si nos aportan un beneficio, las repetiremos, en muchos casos, generando un hábito.

La facilidad de encontrar una soluci√≥n en la comida en nuestra sociedad recae en que es un recurso muy accesible, forma parte de nuestra cultura social y produce un alivio r√°pido e inmediato. Especialmente cuando el producto es solo cuesti√≥n de abrir y comer. Y, menuda bomba de sustancias placenteras genera nuestro cerebro en esa acci√≥n. ¬°C√≥mo para no repetir! Es una recompensa poderosa y sin duda querremos repetirla. Es m√°s f√°cil comer que enfrentarnos a la situaci√≥n dolorosa. ¬ŅPara qu√© sufrirla si se me pasar√° comiendo? El problema se va agravando cuando nuestro cerebro asocia una emoci√≥n con un alimento o sabor. Cada vez que esa emoci√≥n vuelva, nuestro cerebro demandar√° la soluci√≥n para librarse de ella, si no es placentera.

Paralelamente nuestro cuerpo sufrir√° adicci√≥n a ciertos productos ingeridos, lo que har√° que la bola haya empezado a correr cuesta abajo y sea cada vez m√°s grande. Intentar que se haga peque√Īa no es solo cuesti√≥n de dejar de comer lo que no debemos, sino analizar cu√°les son las emociones que nos empujan a comer. Ser conscientes y ver de qu√© emociones o de que hechos estamos intentando huir.

¬ŅC√≥mo saber si tenemos¬†hambre fisiol√≥gico o hambre emocional?

Frente al hambre emocional, solemos sentir ansiedad, es algo repentino, como un antojo casi obligatorio. Tiene que ser algo específico, muy concreto y cuando lo ingerimos no nos sentimos saciados. Muchas veces, después de comerlo, el sentimiento de culpa se apodera de nosotros. Aunque los antojos puntuales esconden también elementos a corregir, lo cierto es que el hambre emocional es una conducta repetida en el tiempo. Cuando el hambre es fisiológico, puede esperar. Cuando lo ingerimos nos sacia y el hambre desaparece y no tenemos sentimientos de culpa.

Cuando nos sentimos fuera de control con una comida deliciosa, o la sensaci√≥n de que no podemos parar. Si sentimos que no tenemos fuerza de voluntad con la comida o tenemos ¬ęhambre¬Ľ todo el d√≠a, incluso despu√©s de comer. Si la preocupaci√≥n por la comida es recurrente, tenemos hambre emocional.

Antes de empezar a perder peso, es importante, por todo lo expuesto, que analizarnos primero desde que punto de partida salimos. Qué relación tenemos con la comida y cómo nos sentimos emocionalmente. Por eso, si puedes elegir, busca a un nutricionista que también sea psicólogo para que, no solo tratéis el síntoma del peso, sino que vayáis al origen. No sólo tendrás resultados físicos más duraderos sino que crecerás emocionalmente.