Reconozco que el título es malicioso y perverso pues no es exactamente así. De hecho, el selfie o lo que antes se denominaba autorretrato es muy antiguo. En el arte estamos acostumbrados a verlos pero no es hasta el desarrollo de la tecnología que permite llevar una cámara en el bolsillo, que ha masificado su uso. Hoy en día es muy habitual compartir nuestra vida en fotos en nuestras redes sociales, especialmente si hacemos algo excepcional como estar de vacaciones o comer algo espectacularmente rico.

Existen ya varios estudios (1) que hablan de la mala influencia que están haciendo algunas redes sociales como Instragram donde muchas imágenes están idealizadas o incluso retocadas. Eso hace que nos alejemos de nuestra realidad o incluso que queramos parecernos a esa irreal imagen de nosotros mismos. Y cuando realmente nos lo creemos, es cuando podemos sufrir ansiedad o incluso depresión. No importa mucho si se extiende la moda de enseñar el antes y el después de retocar o incluso tu cuerpo normal o en posición para parecer más delgada. La realidad es que todos somos adictos a mostrar nuestra mejor versión en redes. Pero no sólo sufre ansiedad el que mira a otros como espejos y querer parecerse, sino también las propias creadoras de contenido, que se ven sujetas a esa presión de estar siempre perfectas: «Las redes sociales, especialmente cómo las usé yo, no son reales. Son imágenes artificiales, editadas y seleccionadas. Es un sistema basado en la aprobación social, en el éxito por el número de seguidores. Es un juicio perfectamente orquestado que puede absorberte», comentó Essena O’Neil, una destacada influencer.

¿Porqué usas tu las redes sociales? ¿Eres consciente de lo que publicas y para qué lo publicas? ¿Te has agobiado alguna vez al ver una foto tuya en la que te veías fatal?

La baja autoestima suele estar ligada también a la ansiedad y el estrés. Y los Selfies o retratos que nos hacemos o nos hacen los demás tienen algo que ver. Muchas veces creemos que una foto es un objeto y por tanto es objetivo pero lo cierto es que capta la luz pero no siempre adecuadamente. De ahí que algunos seamos más o menos fotogénicos. También existe una psicología de la percepción que las modelos dominan muy bien y saben como ponerse para no generar imágenes extrañas o con efecto óptico raros. A base de mucho selfie, muchos ya sabemos cual es  nuestro lado bueno e incluso nuestra posición corporal más óptima pero ¿Cuánto de todo esto puede influir en la percepción que tengo de mi misma?.

Pues mucho. En psicología se entienden los selfies en los adolescentes como una forma de auto explorarse, conocer que imagen transmiten y proyectan y entender que posición ocupan en el grupo. Sin embargo, los adultos también seguimos ese proceso donde las fotos parecen definirnos más de lo que quisiéramos en cómo somos y la aprobación social.

En una mente ansiosa, donde la autoexigencia está muy presente, hacerse un selfie en modo exploratorio no suele ser positivo, porque raro será el que se fije en lo positivo, sino más bien en los defectos que nos gustaría eliminar.

Un Selfie puede ser un elemento de expresión incluso artística, de compartir y de sociabilizar, pero también tiene un lado oscuro y en estas vacaciones, debemos tener en cuenta desde qué prisma lo hacemos nosotros. Analizar qué finalidad tiene y si eso nos genera más ansiedad aún.

Te hagas selfies o no, espero estés disfrutando de un verano con mucha salud, incluida la mental. ¡Feliz semana!

(1) Información basada en el estudio Royal Society for Public Health de Reino Unido, y otro estudio de Ditch the Label