Los psicólogos disponemos  de un manual muy popular, aunque no es el único, para consultar los trastornos mentales llamado DSM que ya va por la versión 5. Aunque lo llamemos «Depresión Post Vacacional«, no existe tipificado dicho trastorno aunque no se niega sus existencia. De hecho, parece que el consenso podría estar en destacar que es más frecuente sufrirlo en personas con una visión negativa de lo que les espera al regreso. Pero…

¿Qué es?

El síndrome postvacacional, o también llamado depresión postvacacional, es un concepto que surge para dar mencionar al conjunto de síntomas como depresión y/o ansiedad que padece una persona que tiene que volver a su rutina tras haber estado de vacaciones. Este malestar puede alargarse hasta 3 meses después del regreso.

¿Qué lo causa?

Volver a la rutina después de haber estado fuera por vacaciones, puede suponer un periodo de estrés debido a los nuevos horarios a los que tendremos que enfrentarnos donde son más impuestos que elegidos, el aumento de las obligaciones y menos momentos de tranquilidad.  Es sentir que volvemos a ponernos el «corsé» que llevábamos antes. Y después de sentirnos tan bien y libres, ¿Quién quiere volver a ponérselo, verdad?

¿Cómo sé si lo padezco?

Los síntomas más comunes son aquellos que tiene que ver con el estrés y la depresión como:

  • Malestar general.
  • Sudoración.
  • Falta de concentración y descenso del rendimiento.
  • Cambios de humor.
  • Incremento de las palpitaciones.
  • Síntomas cardiacos y respiratorios.
  • Ganas de llorar al pensar en volver.
  • Problemas para conciliar el sueño.

¿Se puede hacer algo para evitarlo?

Podemos hacer algunas cosas para evitar que nos afecte tanto, recuperando la sensación de control de la situación, es decir:

  • Anticípate: Es importante no regresar el día anterior a la incorporación al trabajo de las vacaciones. Lo ideal es volver unos días antes para irnos adaptando poco a poco a la nueva rutina e ir poniendo las cosas en orden.
  • Tómate tu tiempo: Es importante entender que a la vuelta no vamos a poder rendir como si no nos hubiéramos ido. Esto hay pocas personas que lo entiendan y se suelen estresar mucho los primeros días. Estoy segura que tendremos los emails repletos de tareas por hacer o mínimo por leer. Los dos primeros días (y dependiendo del volumen) deberían ser para ponerse al día de todo lo que ha sucedido en nuestra ausencia y organizar los temas por orden de prioridad. De lo más urgente a lo menos urgente, de lo más rápido de ejecutar a lo menos rápido.
  • Recupera tus hábitos: La adaptación no solo debe ser en el trabajo, también en casa. Normalmente en vacaciones «desordenamos» los hábitos de sueño, los alimentarios y los comunes del día a día. Es importante volver a las rutinas de antes poco a poco, recuperando la hora de acostarse, prescindiendo de acostarse durante el día, volver a la ingesta de alimentos óptimos para nuestra situación personal, etc. Recuerda que para reducir los síntomas de ansiedad es importante no ingerir ciertos alimentos, tener una buena higiene del sueño, practicar algo de actividad física y no olvidarse de «respirar». En post anteriores te cuento cómo. Ahora es un buen momento para aplicarlo, y prevenir.
  • Acepta: Es normal que te sientas desanimado y con falta de entusiasmo a la vuelta de vacaciones. Necesitas tiempo para,  poco a poco, ir habituándose a los cambios venideros, así que deja que trascurran los días, no te angusties por el malestar que sientes. Forma parte del proceso habitual y normal. Verás que pronto estarás mejor. Este síndrome es pasajero y, a medida que nos vamos adaptando a la nueva situación, los síntomas van desapareciendo. Si no fuera así y te dura más de 5 meses, acude a un profesional para que te evalúe y te ayude.
  • Gestiona tus pensamientos correctamente. Evita flagelarte con pensamientos negativos del estilo «queda mucho para el próximo festivo» o «queda mucho para las próximas vacaciones», etc. Intenta poner el foco en pensamientos positivos, como recordar lo bien que te lo has pasado y lo bien que te lo puedes volver a pasar en las futuras vacaciones que tienes tiempo de organizar, por ejemplo. Y haz lo mismo con los pensamientos negativos sobre el trabajo y los compañeros. Está demostrado que no estar contento con nuestro puesto de trabajo, incrementa este síndrome, así que trata de ocuparte, en lugar de pre-ocuparte. Por ejemplo, haz una lista de cosas positivas que te aporta el trabajo como por ejemplo, y la más obvia, un sueldo. Las difíciles te dejo que las pienses tú.

    Cuidado con las autoexigencias, muy típicas de perfiles ansiosos. Es posible que el ambiente ya sea exigente de por sí. Aún así tenemos que focalizarnos en lo que sí podemos gestionar, y eso somos nosotros. El entorno y los demás están fuera de nuestra zona de influencia. Igual aquí tenemos que aprender a poner límites, saber decir que no, o aprender a no ser tan permeables con el entorno. Si las exigencias son internas, recuerda bajar el listón y sobre todo que los objetivos sean realistas.

     

    El regreso no suele ser fácil, a no ser que nuestras vacaciones hayan sido un desastre. Si han ido muy bien, desearíamos quedarnos allí. Podría filosofar diciendo que quizás la gracia está en que es fugaz, pero la realidad es que es una caquita tener que volver. Con estos consejos espero que al menos la incomodidad sea más manejable que desagradable. ¡Sé que puedes hacerlo!